domingo, agosto 7

El año del conejo.

Dicen que este año va ser coronado como el año del conejo. Muchas chicas, generalmente jóvenes y muy jóvenes, salen embarazadas. Muchas inconscientes, según la sociedad peruana. Es una catástrofe, según las señoras cucufatas. Demasiada irresponsabilidad y falta de tema sexual, según las feministas. Horror social, según las ex enamoradas de los chicos que serán padres.

Yo soy una de las involucradas. Tengo 20 años. Voy a ser mamá. Tengo 7 meses y algo de embarazo. Mi hija se va llamar Madia. Me cago de miedo. Amo a mi chico.

En eso se resume mi vida. No lo puedo negar, soy realmente feliz.

No me importan las nauseas. El dolor de espalda. La acidez. El hinchazón de los pies. El cansancio. La pesadez estomacal. Los antojos. Subir de peso. Tener sueño la mayor parte del día. Odiarme. Sentirme ancha. Sentirme gorda. Sentirme una ballena. No me importa.

No me importa tener miedo. No saber nada acerca de bebes (se que ni a los 30 lo iba a saber). No me importa no haber disfrutado de una juventud plena en alcohol ni en fiestas. No me importan los tragos. Las salidas nocturnas. Los yo nunca. Los mojitos. El tequila. La cerveza.

No me importa que otros se asombren y que no lo entiendan. No me importa que piensen que es importante que me case. Que vivamos juntos. Que seamos una familia forzada. Que el amor equivale a papeles. A conflictos. A ser viejos. No me importa.

No importa que no sepan que la idea más cojonuda es saber que si bien eres joven para tener una hija, serás joven para acompañarla en la vida. Podrás disfrutar. Salir. Divertirte. Entenderla. Podrás hacer lo que te hubiese gustado que hagan contigo. O en mi caso, hacerlo similar. Yo tuve un papá genial. Tengo una mamá joven con la que puedo contar. Guapa. Divertida. Parece mi hermana.

No importa que no sepan que es increíble saber que vas a convertirte en el súper héroe de una preciosa. No importa que tener que jugar de nuevo con muñecas. No me importa tener que ser cursi. No me importa tener que ser niña. En verdad, no importa.

No me importa que digan que es el año del conejo. Que tener hijos está de moda. Que las personas que hacemos frente somos irresponsables. No me importa que piensen que lo haremos mal. No me importa, porque sé que realmente será genial.

Cuando la siento conmigo y me la imagino tan pequeña se me ablanda el corazón y a la vez se me destroza la espalda por el peso que llevo encima. Sin embargo, cada molestia, dolor, bochorno vale la pena vivirlo por ella. Porque ella no equivale a un momento, ella equivale a por siempre. Y eso, es lo único que importa.

Concluyo, que este año no le debo agradecer a la cigüeña sino al conejo. Y eso, dentro de todo, quizá también deba importar.

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