martes, agosto 16

"Atención Preferencial"

Los seres humanos no tomamos conciencia de las situaciones, incluso cotidianas, hasta que nos vemos involucrados en ellas. Aun existiendo refranes que nos sugieren ponernos en el pellejo de otros, optamos por taparnos los ojos. Qué más da. No es nuestro problema. Que se jodan. Normal, es parte de nuestra naturaleza.

Me incluyo. Muchas veces he dejado de prestar atención a temas que no han ido relacionados directamente conmigo. Pero hoy, me veo involucrada en uno. En un tema que siempre me encontré ausente porque no formaba parte de aquella lista. Lista que se llama “personas con atención preferencial”.

Como estoy embarazada y mi barriga es un poco espaciosa en forma de “tendré un bebe hombre”, pero será mujer, formo parte de aquellas personas que en los lugares públicos deben tener atención especializada. Una atención preferente. Una atención preferencial. Supongo que consideraron a las mujeres embarazadas porque es de conocimiento de todos que los pies estallan, la espalda duele y las valientes que salen hacer colas sufren. Como sufren los ancianos o mamás con bebes en brazos. Incluso los discapacitados. Entonces, merecemos dignamente que se nos atienda más rápido, porque a diferencia del resto de personas, cargamos con cosas adicionales que no nos permiten darnos el lujo de estar tanto tiempo parados.

Yo desde hace cuatro meses aprendí a ser responsable de algunos pagos de recibos, entre otras cosas. Mi papá está ausente físicamente. Debo cumplir con su rol. Ir a pagar puntualmente recibos de servicios que tengo. Yo encantada. Tengo atención preferencial. Será rápido. Ellos entienden que pese a los malestares generales que llevo, tengo que cumplir con mi misión. Por eso, serán cordiales y harán que todo sea más rápido.

Un carajo. Un carajo les importa.

Llego al banco. Busco la ventanilla de atención preferencial. Hay una cola de maso menos 15 personas. La gran mayoría son adulto mayor. Solo hay seis bancas para sentarse. Pongo cara de hambre. Espero.

Me doy cuenta que un señor se retira de la cola. Obviamente porque no avanza ni un carajo. Se va a la otra cola. La de personas normales. Son como 40. Sin embargo, avanza más rápido. En cuestión de 15 minutos lo atienden. Me sorprendo. Me duelen los pies.

No entiendo porque. Comienzo a investigar. Miro el número de ventanillas. Son 35. Solo una de esas 35 es para atender a las personas que necesitan atención más rápida. De manera preferente.

Preferente un carajo. Como de 35 ventanillas solo una va estar dirigida a ese público “preferente”. Me mal humoro. Veo a las personas que están delante y atrás mío quejarse en silencio. Todos son adultos mayores. Algunos muy viejitos. Otros con fracturas en los pies.

Considerando que cuando llegamos a ser mayores o muy mayores, nos volvemos mas lentos, entonces deberían a ver mínimo dos ventanillas que atiendan. No es posible que a todas esas personas las dejen paradas esperando. Es mas, esperan más que en ventanilla normal.

Busco al gerente. Le impongo mi queja. Dice que lo arreglara. Que tengo razón. Sin embargo, miente. Le importa un pepino. Su mamá no está en esa fila. Ni su familiar. Ni su jefe. Entonces, todo sigue marchando igual.

Puteo en voz alta. Insisto. Abren otra ventanilla. Los que tenemos atención preferente nos alegramos. Me voy jodidamente contenta.

Aquel Banco, es el Banco BCP de Trujillo. En su central. Es un caos. Creo que tendré que pagar para que me vayan hacer colas. Porque ni siquiera yo, contando con una atención supuestamente preferente, logro satisfacer esa necesidad rápida por hacer las cosas. Y rápida porque mi cuerpo se queja, no se da el lujo, de estar mucho tiempo de pie.

Voy a telefónica. Hay una sola señorita atendiendo a las personas para darle un ticket. Tiene las uñas pintadas y una voz de señora amargada. Me acerco a preguntarle si hay algún trato especial o un poco más rápido a personas que se le hinchan los pies. Los que están en la cola se ríen. Me pregunta que quiero, me da un ticket.

Se acerca un señor mayor. Le hace su consulta. Luego otro. Y otro.

Las personas se quejan. Dicen que avancen con la gente que tiene pies normales. Yo me quejo en voz alta. Es un abuso. Debería haber una ventanilla exclusiva para las personas embarazadas, con niños, adultos mayores, discapacitados. Y otra para las personas normales, en sentido figurado.

El sistema es una mierda. Nunca me había percatado de ese asunto de atención preferente. Lo dibujan y pintan como el mejor servicio de atención a personas que lo necesitan, con un trato exclusivo y rápido. Aun existiendo una ley de por medio que envuelve la buena atención a dichas personas, les importa un carajo. Aplausos. No son sus mamás, ni sus hermanas, ni sus abuelas las personas de aquellos individuos que no regularizan el problema.

Ellos solo se ajustan a las circunstancias. Como existe una ley. Intentan cumplirla. Como puedan. Sin verse afectados. No les importa si esas personas son bien o mal atendidas. Ahí esta su ventanilla. Asi sean 100 personas. Que se jodan. Que esperen y que se atiendan. Ellos ya cumplieron. Cumplieron con su atención “preferencial.”

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