domingo, junio 5

La historia resumida.

Cuando éramos uno y uno.

Nos conocimos de manera casual. Cibernética. Entre bromas. Me agregó a las redes sociales de casualidad. Por molestar a un amigo. Nada personal.

Nos conocimos en persona. Caminamos por esa zona rara. El tenía una gorra. Yo un polo nuevo y usaba tacos. Hablamos mucho. Pocas cosas con sentido. Me dijo que cierre los ojos. Me besó.

Me gustaba. Hablábamos mas seguido. Era verano. Me lo encontraba en la playa. Nos escapábamos a solas al parque. Me proponía ser enamorados. Me des proponía. Lo besaba. Un poquito. Caminábamos de la mano. A escondidas. Llegábamos al grupo y nada más. El era uno y yo era uno. No éramos nada.

Comenzamos a vernos más seguido. Me esperaba llegar en taxi a su casa. Conversábamos poco. Se burlaba de los lentes. De contacto. Raros. De mis tacos blancos. Yo me reía de su voz. De sus mentiras. Nos besábamos.

No hablamos más. El tuvo enamorada. Yo regrese con mi ex. Lo eliminaron de mi msn. No tuvimos mas contacto.

Nos encontramos de vez en cuando. En esa escuela de ingles. A las salidas. Hola. Chau. Ya no nos besábamos. Amigos, nada más.

Intrigado un día. Le hablo a mi mejor amiga. Le preguntó por mí. Me mando saludos. Me entro curiosidad. Lo volví agregar. Ya no tenía enamorado. No sabía si el tenia enamorada. No importaba. Solo en plan amigos. Nada más.

Hablábamos por msn. Nos contábamos los anécdotas. Eran horas. De horas. En charlas no tan breves. No tan amigueras. Siempre indirectas. Nada que ver, seguía pensando. Plan amigos.

Salíamos cada vez que venia de Lima. Al cine. A comer. A huanchaco. Nos acercábamos más. Estaba el deseo de besarnos. Nos besamos. Tomábamos. Solos. En grupo. No quería que sea como antes. No quería ser un agarre. Le pedí espacio. Se acabo, amigos, pensé.

Cuando éramos dos.

Me llamó un día después. Me pidió una última cita. Acepté. Me recogió del departamento. Me puse tacos. Se puso camisa. No sabíamos a donde ir. Caminamos un poco. Sin medias tintas, pregunto si quería ser su enamorada. Frescamente, le dije que sí. Nos besamos. Nos besamos más que nunca. Como nunca. Como si ese beso fuera el primero del resto de nuestras vidas. Me dio la mano. Éramos enamorados.Llegamos a su casa. La cena sorpresa se le quemó. Tomamos vino.

Los emails eran graciosos. Las primeras canciones dedicadas. Temas sobre distancia. Sobre el amor. Sobre el todo lo puede. Sobre el nada soporta. Éramos frescos. Siempre lo hemos sido. Lo vamos a seguir siendo.

Esperábamos los fines de semana. Nos escapábamos algún lado. Solos. Nos besábamos. Pasó tiempo. Estuvimos juntos. Juntos, en todo sentido. Apagamos las luces. No teníamos ropa.

Éramos felices. Disfrutábamos estar juntos. Nos sentíamos enamorados. Nos sentíamos jodidamente felices. Disfrutando de cuatro o cinco días al mes. Enamorándonos por teléfono. Por emails. Por canciones. Sin cursilerías. Con esa frescura. Con esa complicidad. Con eso, que nos caracterizaba.

Como todo en la vida. Se desmoronó en algún momento. Rompimos las reglas. El respeto se pulverizo. Nos atacábamos como dos extraños. Enemigos. Rutinarios. Dejó de ser armónico. Pase a ser espía. El se convirtió en fugitivo. Dejamos de ser tan felices.

Nos separamos. Dejamos de ser enamorados. Pasaba un tiempo. Siempre terminábamos juntos. Nos dio una crisis. No supimos que hacer. Teníamos miedo. Estábamos cansados. Jugábamos a ser enamorados más tiempo. A estar separados por épocas. No nos fue bien. Se sacaron pies del plato. Existían ciertas faltas incompletas. Siempre a medias. Siempre extrañándonos. A nuestra manera.

Ahora, que somos tres.

Enero. 2011. Época de la reconciliación. Época de oportunidades.

Pasábamos horas en ese cuartito. El de la computadora. El que estaba en su casa. Nos besábamos. Nos besábamos más. Nos juntábamos. Lo sentía. Más que nunca. Veíamos películas. Matábamos momentos. Nos aburríamos. Comíamos. Dormíamos. Nos volvíamos a besar. Nosvolvíamos a seducir. Apagamos las luces. Comenzamos a darle vida.

Cuatro meses después descubrimos que desde aquel mes, nunca estuvimos solos. Ella estuvo ahí. En silencio. Calladita. No levantaba sospechas. La descubrimos infraganti. Moviéndose de un lado a otro. Tapándose la cara el primer día que la conocimos. Era grande. Tenía todo completo. Pese a mis desarreglos basados en una inconsciencia justificada, estaba perfecta.

Lloramos. De alegría. De miedo. Nos abrazamos. Nos enamoramos. Nos besamos, como la primera vez. Pero esta vez era la primera, la primera vez de una nueva vida. De esa que ella nos ha traído. Con astucia. Para hacernos feliz. Y algún día, cuando sepa leer y entienda sobre estas cosas tan raras, sepa que la esperamos con tanto deseo. Que buscamos pañales. Que buscamos ropa. Juguetes. Y que ahora todo, es ella. Y todo siempre, va ser ella.

Le doy las gracias, a esta miniatura, por ser lo más valioso que nos va tocar en la vida. Contenta, asumo el reto. Sin preocuparme. Estoy segura que no me pudo tocar mejor cómplice. Mejor compañero incondicional. Mejor amigo. Realmente será genial.

No hay comentarios:

Publicar un comentario